Un nuevo hecho de extrema gravedad vuelve a poner en el centro del debate la combinación de alcohol y conducción en San Luis, tras un violento episodio ocurrido durante la mañana del sábado que dejó varios heridos y pudo haber tenido consecuencias fatales.

El protagonista fue un hombre de 35 años que, según confirmaron fuentes policiales, conducía con 1,39 gramos de alcohol por litro de sangre, más del doble de lo permitido. A bordo de un Toyota Corolla y acompañado por una mujer, inició un raid que incluyó múltiples impactos y una fuga que terminó con su detención.

El hecho comenzó alrededor de las 7:00 en la intersección de la avenida Alfonsín (ruta 3) y Salvador Segado, donde el conductor embistió a tres peatones. Una joven de 20 años resultó herida y debió ser trasladada al Hospital del Sur, mientras que los otros dos afectados, de 16 y 19 años, no requirieron asistencia médica.

Lejos de detenerse, el hombre continuó su marcha hasta la Ruta 19, donde chocó contra una motociclista de 44 años. La mujer sufrió lesiones de gravedad y fue derivada de urgencia al Hospital Ramón Carrillo.

El vehículo fue localizado por efectivos de la Sección Motorizada sobre la ruta nacional 146, a unos 400 metros de la rotonda de avenida Lafinur sur. Tras los impactos, el conductor intentó escapar a pie, pero fue interceptado por personal policial y agentes del servicio penitenciario que se encontraban en la zona. En el interior del automóvil quedó su acompañante, también con lesiones.

El test de alcoholemia confirmó lo que muchas veces se repite en este tipo de hechos: el consumo de alcohol al volante no es un detalle menor, sino un factor determinante en la generación de siniestros viales. Con 1,39 g/l en sangre, el conductor no solo infringía la ley, sino que se encontraba en condiciones claramente incompatibles con una conducción segura.

Este episodio expone, una vez más, una problemática persistente: la naturalización de manejar bajo los efectos del alcohol. A pesar de campañas de concientización y controles, los casos se repiten con consecuencias cada vez más graves. No se trata de “errores” ni de “accidentes inevitables”, sino de decisiones que ponen en riesgo vidas ajenas.

El conductor fue demorado y trasladado a una dependencia policial, mientras se avanza en la investigación del hecho. Entretanto, las víctimas enfrentan las consecuencias de una conducta que sigue cobrándose heridos —y muchas veces vidas— en las calles.

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